Nuevamente Vecindad y ruidos molestos

Vecindad y ruidos molestos
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Vivir incómodo I: el infierno de dormir entre ruidos, temblores y carteles luminosos
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«Incontables veces quise escribir sobre el tema, pero junté coraje con la nota de Miguel Krebs», afirma la lectora Delia Boucau
Cuando llegué a San Martín viví en Covisal, lugar tranquilo los primeros años. Por distintas razones, después me mudé al centro, a la calle Belgrano, a un departamento en planta baja. Muy contenta al principio, no me percaté de algunos ruidos. Gran sorpresa cuando, después de prestar atención a un sonido que se reiteraba y que me hacía ir a la cocina cada vez para ver si había dejado la canilla abierta, me percaté que provenía de la función fisiológica de mi vecina de arriba.
Una noche me desperté con un batifondo musical que provenía de algo así como un salón de eventos del otro lado de la medianera. Después de varios fines de semana en que mis oídos soportaron doloridos la vibración de los bajos, decidí llamar a la policía. No eran las 10 de la noche, sino las 4 de la mañana. Durante media hora hubo silencio, para recomenzar la milonga otra vez. Total… Otra noche, no sólo me despertó la música, sino que iba acompañada de luces de distintos colores a las que les importaban un rábano las cortinas.
Cuando se cerró este salón llegó la EPET 21. Una mañana, puntualmente a las 8, me despertaron unos mazazos en la medianera donde estaba la cabecera de mi cama. Fui a averiguar y los profesores, sin dar mayor importancia, me dijeron que los alumnos construían columnas, paredes, etc. y, pasado un tiempo, las demolían. No voy a opinar aquí sobre el comprar materiales para después tirarlos a la basura.
Harta ya y sin saber a quién recurrir porque nadie me daba el dato, decidí mudarme. Conseguí un departamento sobre la calle Elordi, a la misma altura del anterior. Planta baja sin escalones, no fuera cosa de que me rompiera una pata, casi en el centro de la manzana. Me pareció maravilloso hasta que sonó el primer timbre del turno mañana de la EPET 12. Maravilloso también hasta que el infante que vivía en el piso de arriba comenzó a caminar y a manejar un vehículo con ruedas de madera al que hacía correr de una punta a la otra del departamento mientras yo trataba de pensar y escribir. Craso error, me dije, mientras pensaba por qué si había una losa que separaba horizontalmente ambos departamentos, además de un cielorraso de durlock bastante grueso, yo estaba como si viviéramos en el mismo ambiente.
Para alegría mía el niño con sus progenitores se fueron. Silencio, tranquilidad, el deseo hecho realidad. Mi ilusión de paz se vio rota al despertarme con el ruido de un martillo neumático. Créanlo o no, era un martillo neumático en la panadería de al lado. Meses de martillo, mazazos, martillazos, taladros, volquetes, sacada de materiales, radio de los albañiles, charlas y risotadas, más una especie de sierra que corta materiales y que no sé cómo se llama y que produce un chirrido que da dentera. Con algunas interrupciones fueron meses que superaron el año y dos también.
Después de un tiempo de relativo silencio, quebrado a las 5 de la mañana por la llegada de los panaderos, la radio y su charla, empezó la segunda parte de la obra: el primer piso. Una vez que se colocó el techo, donde supuestamente irían las paredes se tapió con chapas. Sólo sabíamos que seguía la construcción cuando se vio a un albañil subiendo de a cuatro ladrillos con una cuerda y, nuevamente bolsas con áridos y volquetes, pero ningún cartel de obra.
El ruido de las máquinas de la panadería es continuo, no fuerte pero no para nunca. Día y noche funcionan, es como un ronroneo. ¿Alguien puede decirme que el señor Krebs no tiene razón y a quién tengo que dirigirme?
Y me parece que una comentarista se pasó de vueltas con su comentario. ¿Quiénes somos para tildar a Miguel Krebs de ignorante? Y el sarcasmo del final no quedó bien, le picó lo que dice y atacó con un comentario al paso, hiriente y malintencionado. Seguro que vive en una casa que no tiene vecinos arriba ni alrededor, al igual que la comentarista que la aplaudió.
Supongo que es cierto que antes de construir se pasa por todas esas etapas pero, ¿el municipio controla la calidad de materiales que se usan, si se pone menos u otra cosa de la especificada en la documentación, si se ponen carteles de obra donde se vea quién es el responsable de la misma, si quedará bien insonorizada? ¿Vivieron estas personas alguna vez en un lugar donde la intimidad no existe?
Fuente: La Voz de los Andes
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