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El ruido es considerado un sonido molesto y puede tener efectos nocivos a largo plazo en un individuo, no sólo a nivel biológico –por ejemplo, afectando el aparato auditivo–, sino también a nivel psicológico, afectando nuestra calidad de vida.
La primera ordenanza sobre ruido de la ciudad de Córdoba data de 1964 y fue la número 4.177, pionera en regulaciones de este campo, y acorde con los criterios técnicos imperantes en aquellos tiempos en el orden mundial. Años más tarde, acompañando el constante crecimiento de la ciudad, en 1986 se aprueba una nueva ordenanza, la 8.167, hoy vigente.
Desde el punto de vista metrológico –esto es, de las técnicas de medición del ruido–, las modificaciones introducidas por esta última no fueron sustanciales. Se perfeccionó la instrumentación de la norma, pero los parámetros y la forma de relevarlos casi no fueron modificados respecto de los de 1964.
Esta norma ha quedado obsoleta. Por un lado, tenemos conceptos vigentes en el mundo, tales como “contaminación sonora”, que nuestra legislación local no contemplaba, ya que acotaba su visión a los ruidos. O aspectos más específicos, como “nivel sonoro de ruido equivalente”, medido en “decibeles compensados A”, donde los ruidos son calculados por la variable física de decibeles, pero además se tiene en cuenta la variable psicológica, esto es, el modo en que el ruido molesto puede afectar la psiquis de las personas.
La ciudad de Córdoba siempre tuvo un crecimiento sostenido, a veces inclusive caótico. El parque automotor, por caso, llegó en 2012 a 674.153 vehículos, y se sumaron 146 mil sólo en los últimos tres años, con la consiguiente contaminación acústica que ello implica. Pero, además, zonas urbanas supuestamente exclusivas para fábricas se convirtieron en residenciales o comerciales, en las que se registra un incremento sin control del uso de alarmas y, a su vez, zonas residenciales se convirtieron en zonas de esparcimiento con locales bailables, que exceden los niveles sonoros permitidos, lo que afecta la tranquilidad y el descanso de los ciudadanos.
El nuevo proyecto de ordenanza, que está en consideración en el Concejo Deliberante, contempla todos estos aspectos como base de una regulación eficiente y moderna, que tiene como norte mejorar la calidad de vida de los vecinos.
En lo que respecta al sonido de motos y automóviles, se realizó un exhaustivo estudio en más de 100 modelos de automóviles, camiones y motocicletas, de todas las marcas que existen en el mercado nacional, y se sacó un promedio de máximos permitidos según el tipo de vehículo, su uso y su peso en toneladas. En el caso de las motocicletas, la división se realizó por centímetros cúbicos.
La norma en tratamiento prevé una diferenciación entre ruidos diurnos y nocturnos, buscando disminuir o neutralizar estos últimos. Además, se toma en cuenta el “ruido de ambiente” a la hora de efectuar mediciones en los distintos sectores de la ciudad.
Vanguardia jurídica. Por primera vez existen límites claros en lo que respecta al ruido dentro de locales bailables. Investigaciones científicas realizadas en la ciudad revelan que, en las pistas de baile, el ruido medido en “decibeles compensados A” arroja un mínimo de 103 y un máximo de 128. Una turbina de avión comercial medida a 100 metros tiene un promedio de 120.
Las alarmas tendrán distintos límites. No sólo se tomará en cuenta el ruido que emiten, sino también el tiempo que duran y los períodos en que funcionan. Esto es importante, ya que son constantes las denuncias de vecinos que deben soportar alarmas particulares o de comercios sin interrupciones y por períodos que en muchos casos son de días o fines de semana enteros.
En la nueva ordenanza, también se contemplan las vibraciones, con límites más adecuados a la actualidad. Las construcciones, que tanto crecieron en los últimos años y que necesitan un marco límite de ruido; los tipo de sirena en los automóviles de los servicios de ambulancia, Bomberos y Policía, para una mejor identificación y trabajo, y los infrasonidos, contaminación por sonidos de muy baja frecuencia, que producen mareos, palpitaciones, problemas visuales emitidos por ciertos tipos de maquinaria, y que son parte de investigaciones de punta en lo que respecta al ruido.
La elaboración de esta nueva ordenanza se ha realizado con la colaboración de los científicos del Centro de Investigación y Transferencia en Acústica (Cintra), con el ingeniero Mario Serra a la cabeza, sin el cual la parte técnica y científica no hubiera sido posible.
Los tópicos, la forma de tratar cada tema específico, la compleja casuística involucrada en el estudio integral del ruido ponen a la ciudad en la vanguardia jurídica del tratamiento de la contaminación sonora, por encima de Buenos Aires o Rosario.
Los cordobeses vamos a contar con una herramienta moderna y eficiente, acorde con los tiempos que nos tocan vivir, para mejorar nuestra calidad de vida.
Fuente: www.lavoz.com.ar
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