Peor imposible: vivir al lado de un boliche

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La Municipalidad se desentiende ante denuncias de ruidos molestos. Baste leer el siguiente relato de una vecina de El Establo, que desnuda lo que les pasa a varias docenas de vecinos de Mendoza.
Esta historia es solo una de las tantas que ocurren en torno a la municipalidad de Mendoza y su desinterés en las denuncias de los vecinos ante los ruidos molestos y otras cuestiones vinculadas al convivir diario.
Hay varias docenas de denuncias casi calcadas, todas ellas carecen de un final feliz. Justamente por lo que se dijo: no hay interés por parte de la comuna de resolver este tipo de conflictos.
Este es el caso de una mujer que tiene la mala suerte de vivir justo al lado de El Establo, un local comercial ubicado en la calle San Martín, entre Jujuy y Santa Fe de Ciudad. Es un galpón que no tiene ningún tipo de aislación acústica y en donde hay un pool, billar, bar y comidas.
«Hace más de cuatro años que yo tengo problemas con esta gente, por los ruidos, olores, música, incluso han organizado eventos con gente que canta en vivo», cuenta la mujer, preocupada, a MDZ.
A raíz de que no obtuvo ningún resultado con las charlas personales con los dueños del local, ella hizo la denuncia a la Municipalidad en el año 2011, sin embargo, la actuación de los mismos inspectores la hizo fracasar.
«Yo no seguí adelante con el expediente municipal porque me hicieron una especie de apriete y me dio mucho miedo, porque vivo sola, y ellos saben eso; está hecha la denuncia en la Fiscalía», cuenta la mujer a este medio.
Habiendo fracasado todas esas instancias, se dispuso a acondicionar su casa para minimizar los ruidos del local. Contrató un ingeniero para hacer -dentro de lo que económicamente estaba a su alcance- las aislaciones necesarias para paliar los ruidos de El Establo.
«He gastado alrededor de $28.000 para tratar de vivir tranquila, pero no me resultó eficaz, porque la aislación tiene que ser con materiales específicos y que tienen que ponerse en el lugar de donde salen los ruidos», narra la mujer.
Es decir, todas esas cosas, las tiene que hacer el negocio y es la Municipalidad la que se lo tiene que exigir. Al fallar la Municipalidad, la mujer ha hecho lo que podía, pero no es suficiente. Vivir al lado del local en cuestión se ha hecho casi imposible.
Este fin de semana, la situación llegó a su punto más álgido. Hace más de un mes El Establo comenzó a anunciar «shows en vivo» todos los viernes.
«El volumen estaba relativamente bajo, así que traté de aprender a acostumbrarme a convivir con eso. De hecho conocí las pastillas para dormir gracias a esta gente», narra la mujer a MDZ.
«Me animé a llamar a Preventores, ya que ahí me dijeron cuando hice la denuncia administrativa que tenía que llamar, cuando el problema era en la noche, para que fueran los inspectores, pero nunca me atendieron en ese número. Pasadas las 00 horas me atendieron, les dije lo que pasaba y me dijeron que iban a mandar a los inspectores. No sé si habrán ido pero la música se siguió escuchando, aunque a un volumen un poco más bajo. A las 3 de la mañana me volvió a despertar la música, llamé a Preventores, obvio, sin resultado. A lo último me animé y llamé al negocio, para pedirles que bajaran la música. La bajaron un poco, pero la joda siguió hasta pasadas las 4 de la mañana», detalla la mujer.
Según la mujer, «es pésima actuación de la Municipalidad, los vecinos estamos totalmente desprotegidos, nos cobran los impuestos y ni siquiera tienen la delicadeza de atender la línea telefónica de Preventores, los inspectores hacen el trabajo a medias. La gente del negocio sigue haciendo lo que se les da la gana y yo ya no sé qué instancia seguir. Todo porque el órgano que tiene que controlar, que es la Municipalidad, no ha hecho nunca lo que realmente corresponde».
La mujer añade una frase preocupante: «Quedamos a la buena de Dios, sin nadie a quien recurrir».
Colofón
Como se dijo al principio de esta nota, solo se trata de uno de los tantos casos que a diario se denuncia a los medios ante el desinterés municipal. Eso sí, deben hacerlo de manera anónima frente a la presión comunal, como le pasó a la mujer que detalló esta historia.
¿Para qué se les paga a los funcionarios públicos, si no acuden ante la necesidad ciudadana? Es la pregunta que muchos se hacen en los últimos tiempos, sobre todo aquellos que viven en la Ciudad de Mendoza.
Hay una verdad inescrutable: muchos boliches incumplen las normas mínimas de funcionamiento… pero siguen funcionando. ¿Cómo lo hacen?
La imaginación de los vecinos responde esa pregunta con suspicacias, con una diferencia respecto a otros tiempos: ahora se animan a denunciar lo que les pasa.
Fuente: www.mdzol.com
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