Soluciones acusticas eficientes

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«El silencio es salud”: con este lema se encaraba muchos años atrás una campaña contra el ruido, que lamentablemente resultó efímera. El ruido provoca daños físicos como pérdida paulatina y definitiva de la audición, irritabilidad y hasta convulsiones. Cuántas veces nos resulta imposible conversar en un restaurant con quien está al lado o enfrente, no escuchar al orador en un salón de actos, o vivir con ventana o balcón la calle o en proximidad de una autopista y tener que cerrar las ventanas en pleno verano para que el ruido no se transforme en pesadilla.

Lamentablemente, como en tantos otros aspectos de la construcción, el mal arranca desde el proyecto. Diríamos que puede hacerse un proyecto acústico, pero casi siempre terminamos en el campo de su corrección. Para hacerlo bien debemos, en primer lugar, realizar un diagnóstico, saber cómo es la fuente emisora, cómo se transmite el sonido y así encarar una terapéutica. El decibelímetro nos dará el nivel de sonoridad y el T60 o tiempo de reverberación, además de la observación a simple vista de los materiales usados en la carcaza y las dimensiones del local (ancho, largo y altura). Hay tres parámetros que son clave para encarar una solución: 1) Cantidad de ruido es el producido, 2) Nivel de ruido al que queremos llegar, 3) Terapéutica aplicar, teniendo en cuenta el factor tiempo y el económico.

En el caso 1, las mediciones con aparatos o el ver qué materiales componen la obra ya nos da los primeros valores del paso siguiente, que es cuánto debemos reducir el ruido. Para esto se estudiarán las situaciones con la fuente emisora funcionando y sin funcionar: ruido de maquinarias, salones de fiesta, industrias u oficios que generen ruido. La terapéutica hará centro en cómo se transmite el nivel sonoro, y sólo en caso de que no sea posible de aplicar ninguna de las anteriores, iremos a la protección de nuestra carcaza y sus habitantes. Pero las más de las veces se termina recurriendo a ésta última por desconocimiento de cómo solucionar las otras.

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Se usan habitualmente productos fonoabsorbentes, como fibras de vidrio, vegetales o minerales, con buenos resultados. Se manejan varios criterios de aislamiento, como ser el de masa-resorte-masa, absorción de superficie o masa pura. El primero combina el uso de placas rígidas emparedando productos absorbentes (roca de yeso, fibras de vidrio y roca de yeso) que además son barreras ignífugas. El segundo nos habla de productos de alta compacidad, como ladrillos o placas macizas, y por último los de “piel”, que pueden considerarse de última generación, que no se desgranan y son de comportamiento muy predecible. Estos últimos son placas ignífugas y fonoabsorbentes fabricadas con espuma de melamina, con cuñas anecoicas (troncopiramidales), y también se utilizan como revestimiento a la vista (vienen en diferentes tonos) en ambientes ruidosos. Requieren de una protección especial contra las agresiones externas (situación ya contemplada por la fábrica) y sus medidas son de 061 x 061 m o 1,22 x 0,61 m montadas sobre perfilería estándar.

La misma fábrica produce un vinilo de alta densidad con un espesor de apenas 3 mm que posee un alto índice de atenuación sonora y es totalmente ignífugo. Su utilización sobre cielorrasos livianos, en el interior de tabique de yeso, madera, mampuestos, metal etc., o en cabinas envolventes de maquinarias ruidosas dan muy buen resultado. Vale destacar el excelente comportamiento acústico de las carpinterías de doble vidriado hermético, que al encerrar aire en su interior aplican el criterio de masa-resorte-masa. Como corrección acústica, son muy recomendables la de PVC ya que pueden ser colocadas manteniendo los marcos existentes, son fabricadas a medida y su cierre hermético es garantía de estanqueidad sonora.

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Hoy en día el criterio más usado para proyectos acústicos es el ya mencionado de “masa-resorte-masa”. Su criterio se basa en dejar una cámara de aire entre dos elementos, como pueden ser placas de roca de yeso, madera, fenólicos, ladrillos huecos o macizos, hormigón, cualquier tipo de bloque, chapa metálica, etc., ya que las ondas sonoras “rebotan” dentro de la cavidad produciendo un efecto no deseado: la resonancia, que facilita que determinados niveles de ruido pasen con mayor facilidad de un local a otro. Al estar delimitado este espacio de aire por superficies no porosas, como recién se describieron, se producen mayores reflexiones y una amplificación del ruido. Por ello, se aconseja rellenar esa cámara con un elemento que tenga una elasticidad lo más parecida al aire, para que las ondas puedan ser atenuadas

El criterio es que para lograr un cerramiento con mayor performance acústica, en lugar de usar un solo elemento –donde la energía sonora se transmite a través del mismo–, sería ideal que el sonido deba atravesar como mínimo 3 medios. Primero tendría que pasar por un material “masa”, luego por el elemento “resorte” y más tarde por la otra “masa”; de esa forma la energía se va desgastando con mayor facilidad. La desvinculación de las dos masas por medio del resorte incrementa el aislamiento sensiblemente. Otro detalle importante es evitar los puentes acústicos, como los producidos al colocar “espalda con espalda” las cajas de luz”, o no desfasar el emplacado de roca de yeso entre las dos caras del tabique utilizado.

La reverberación

Este fenómeno acústico cobra especial importancia en locales como aulas, restaurants, pasillos, bancos, hall, foyers, accesos, cines, hospitales, hoteles, restaurantes, radios, centros comerciales, aeropuertos y otros. También en los sitios donde se concentra mucha gente y existen varias fuentes sonoras simultáneas que van aumentando progresivamente el nivel sonoro del espacio. En el caso de fuentes sonoras que tengan que ver con instrumentos musicales (salas de concierto), los tiempos de reverberación pueden ser mayores y requieren un cálculo acústico muy afinado. Es en estos casos donde los fonoabsorbentes en placas tienen un muy buen comportamiento como auxiliares de la corrección acústica.

En la mayor parte de los locales que nos toca vivir a diario, los niveles de ruido superan –al igual que otros factores de polución- los admitidos y tolerados. La polución acústica puede alcanzar ribetes increíbles. ¡Cuántas veces uno ha renunciado a concurrir a restaurantes porque “no se puede hablar” cuando este problema es de muy fácil y económica solución! Se puede corregirlo a través de la colocación de pantallas aéreas en forma de “baffles”, revestimientos murales con placas fonoabsorbentes o cielorrasos que, además de ser ignífugos, debieran evitar el ruido.

En oficinas y donde usamos tabiquería de roca de yeso, deben colocarse bandas de caucho neoprene rodeando el marco que conforma el perímetro del tabique, debiendo éste llegar hasta la losa para evitar el puente acústico entre diferentes locales. Convengamos que en silencio y privacidad podemos lograr una mejor calidad de vida con muy poco esfuerzo técnico y soluciones sumamente económicas.

Fuente: www.clarin.com
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