
Guía de Inicio Rápido – Contingencia Técnica | AdeA
03/03/2026
Cuando la ciudad falla por debajo
Parque Patricios y lo que ocurre bajo nuestros edificios

El reciente derrumbe ocurrido en el barrio de Parque Patricios volvió a poner en primer plano una escena que siempre conmueve: estructuras que colapsan, vecinos sorprendidos, maquinaria de rescate y una ciudad que de pronto se detiene para mirar lo que ocurrió.
En estos casos, lo primero que aparece es la pregunta inevitable: ¿por qué pasó?
Las respuestas técnicas suelen tardar. Los peritajes estructurales, el análisis de los suelos, la revisión de los proyectos y de la ejecución de las obras son procesos que requieren tiempo y rigurosidad. Y es correcto que así sea.
Sin embargo, más allá del episodio puntual, estos hechos invitan a mirar algo que muchas veces olvidamos cuando pensamos la ciudad: lo que ocurre debajo de los edificios.
Porque las ciudades modernas no solo se construyen hacia arriba.
También se construyen hacia abajo.
Subsuelo, fundaciones, pilotes, losas de subpresión, sistemas de drenaje, cámaras de bombeo, tanques pluviales. Todo un universo técnico que permanece invisible para la mayoría de quienes transitan las calles todos los días.
Y sin embargo, allí abajo se juega gran parte de la estabilidad de lo que vemos en superficie.
En muchos sectores de Buenos Aires —y especialmente en zonas del sur de la ciudad— los edificios contemporáneos conviven con condiciones hidráulicas y geotécnicas complejas. La presencia de napas freáticas, los subsuelos profundos destinados a cocheras, las cubiertas verdes o las plazas construidas sobre losas de estacionamiento obligan a diseñar sistemas estructurales que trabajan permanentemente en contacto con el agua.
En esos casos, los proyectos suelen resolver la situación mediante una combinación de elementos técnicos: barreras de impermeabilización, sistemas de captación de agua y equipos de bombeo que permiten controlar lo que ocurre en el subsuelo del edificio.
Cuando estos sistemas funcionan correctamente, el equilibrio se mantiene.
Pero cuando alguna de esas capas falla —ya sea por envejecimiento de materiales, mantenimiento insuficiente o alteraciones en las condiciones del suelo— el agua encuentra su camino. Y muchas veces ese camino termina manifestándose en los lugares más bajos del edificio: subsuelos, cocheras o fosos de ascensores.
A esto se suma otro fenómeno frecuente en la práctica edilicia: la distancia que a veces existe entre lo que los planos prevén y lo que finalmente se materializa en la obra. Sistemas de impermeabilización, drenajes o dispositivos de bombeo que figuran correctamente en la documentación técnica pueden terminar ejecutándose de forma incompleta, simplificada o directamente omitida, ya sea por decisiones económicas, por falta de control técnico o por desconocimiento de la importancia que esos elementos tienen en el funcionamiento hidráulico del edificio.
Cuando eso ocurre, el proyecto sigue mostrando en papel un sistema que debería funcionar correctamente, pero la obra construida deja puntos vulnerables por donde el agua termina encontrando su camino.
Un barrio con memoria bajo tierra
Parque Patricios es hoy un barrio en plena transformación. Nuevas construcciones, reconversión de edificios industriales, polos tecnológicos y proyectos urbanos que buscan revitalizar una zona históricamente vinculada al trabajo y a la actividad productiva.
Pero bajo esa ciudad contemporánea existe también una historia más antigua del suelo.
A fines del siglo XIX, gran parte de este sector del sur porteño era conocida como “La Quema”. Allí se transportaban los residuos de la ciudad para ser descargados y quemados a cielo abierto. La basura llegaba en carros y también mediante un ramal ferroviario que durante años llevó los desperdicios desde el centro de Buenos Aires hasta estos terrenos.
Durante décadas, el área funcionó como uno de los sistemas de eliminación de residuos de la ciudad.
Con el tiempo esos espacios fueron saneados, urbanizados y convertidos en barrios residenciales. Se trazaron calles, se construyeron viviendas y surgieron los parques que hoy forman parte del paisaje cotidiano de la zona.
Pero como ocurre en muchas ciudades antiguas, los suelos conservan memoria de sus usos anteriores.
No se trata de afirmar que los problemas actuales tengan su origen directo en esa historia. Sería una simplificación apresurada. Pero sí de recordar que las ciudades se construyen sobre capas sucesivas de ocupación humana.
El mapa invisible del subsuelo
Cuando se observa el funcionamiento de estos nuevos conjuntos urbanos aparece una realidad que pocas veces se explica fuera del ámbito técnico: muchos de ellos se construyen mediante una superposición de sistemas estructurales e hidráulicos.
En términos simples, la ciudad queda organizada en capas.
En la superficie aparecen las plazas, patios o áreas verdes que los vecinos utilizan diariamente.
Debajo de esos espacios, muchas veces se desarrollan losas estructurales que cubren estacionamientos o subsuelos.
Y por debajo de esas estructuras, finalmente, se encuentran el terreno natural, las napas freáticas y las fundaciones que sostienen el edificio.
Ese conjunto forma un sistema delicado en el que interactúan:
- el suelo
- el agua
- la estructura del edificio
- y los sistemas de drenaje que controlan lo que ocurre bajo tierra.
Cuando todas esas piezas funcionan correctamente, el sistema permanece estable y prácticamente invisible para quienes viven allí.
Pero cuando alguna de ellas comienza a fallar, el primer lugar donde suele aparecer el problema es precisamente el subsuelo del edificio.
Mirar la ciudad también hacia abajo
Cada vez que un edificio presenta patologías estructurales o que un subsuelo comienza a mostrar señales de problemas, aparece una lección que la ingeniería urbana conoce bien: el subsuelo de una ciudad es tan importante como lo que vemos en la superficie.
Allí se encuentran las fundaciones que transmiten cargas al terreno, las instalaciones que drenan el agua de lluvia, las estructuras que resisten la presión del suelo y de la napa freática.
Es un mundo técnico complejo que rara vez aparece en las conversaciones públicas sobre arquitectura, pero que resulta fundamental para comprender cómo funciona realmente una ciudad.
Tal vez por eso, episodios como el ocurrido recientemente en Parque Patricios —más allá de sus causas particulares, que deberán determinarse con rigor técnico— nos recuerdan algo que conviene no olvidar:
Los edificios no comienzan en la planta baja.
Comienzan bastante más abajo.
En las fundaciones que transmiten las cargas al suelo, en las losas que resisten la presión del agua, en los sistemas que drenan y evacúan lo que el terreno devuelve cuando llueve o cuando la napa se eleva.
Porque, en definitiva, cuando la ciudad presenta una falla visible en la superficie, casi siempre hay una historia técnica que empezó mucho antes, debajo de nuestros pies.
gravedad.
Comprender estas relaciones entre proyecto, suelo y agua no es solamente un ejercicio técnico: es una herramienta fundamental para anticipar riesgos y evitar que las patologías edilicias se transformen, con el tiempo, en problemas estructurales de mayor.
El estudio de este tipo de patologías —donde intervienen simultáneamente estructura, suelo y agua— constituye una de las líneas de investigación que desarrollamos en Arquitectos de Abogados (AdeA), orientada a comprender cómo determinadas decisiones de proyecto o de ejecución pueden derivar, con el tiempo, en situaciones críticas para los edificios.
Arqto. Teodoro Ruben Potaz
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