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Por qué no siempre es una buena noticia que los peritos digan lo mismo
En muchos procesos judiciales existe una creencia casi automática: si el perito designado por el juzgado y el perito contratado por una de las partes dicen lo mismo, entonces el problema está resuelto. Para muchos operadores del sistema, esa coincidencia funciona como una confirmación inmediata de la verdad técnica y habilita un cierre anticipado del debate.
Sin embargo, la experiencia profesional demuestra que no siempre es así. Cuando ambos dictámenes coinciden en un todo, la pregunta relevante no es si están de acuerdo, sino cómo llegaron a ese acuerdo. ¿Se trata de dos análisis independientes que confluyen por caminos distintos, o de un informe que termina replicando al otro?
Este punto, que suele pasar inadvertido, resulta clave para entender cuándo la coincidencia pericial fortalece un expediente y cuándo, por el contrario, comienza a poner en crisis la idea misma de neutralidad técnica.
Neutralidad pericial: una idea extendida, no siempre comprobada
En el imaginario judicial, el perito de oficio ocupa el lugar de la neutralidad, mientras que el perito de parte suele quedar asociado —de manera simplificada— a una defensa interesada. Esta construcción binaria resulta cómoda, pero rara vez resiste un análisis serio del contenido de los dictámenes.
La neutralidad no depende del origen del nombramiento. No se presume por el cargo ni por el sorteo. La neutralidad técnica se construye —o se pierde— en el método de trabajo, en la profundidad del análisis y en la capacidad de producir un dictamen propio, fundado e independiente.
Cuando ambos informes dicen exactamente lo mismo
Que dos dictámenes coincidan plenamente puede parecer, a primera vista, una señal de solidez. Sin embargo, la coincidencia absoluta no es un valor en sí mismo. En la práctica profesional, suele responder a escenarios muy distintos.
En algunos casos, ambos peritos recorren caminos metodológicos diferentes y llegan a conclusiones compatibles. En otros, el dictamen del perito de oficio no agrega análisis propio, no verifica de manera independiente los hechos y termina reproduciendo, de forma explícita o implícita, el enfoque del perito de parte.
Cuando esto último ocurre, la coincidencia deja de ser una fortaleza probatoria y se convierte en un síntoma de fragilidad técnica.
Conocimiento técnico y autonomía del dictamen
La designación judicial no garantiza, por sí sola, mayor conocimiento técnico. En numerosos expedientes, el perito de parte cuenta con una especialización más profunda, mayor experiencia específica o una actualización profesional que el sistema de designaciones no siempre asegura.
Cuando ese mayor conocimiento “arrastra” al dictamen oficial, el problema no es la coincidencia, sino la pérdida de autonomía técnica del informe que debía funcionar como referencia independiente para el juzgador.
Riesgos de la coincidencia acrítica
Una coincidencia pericial sin contraste crítico puede generar efectos no deseados:
- empobrece el debate técnico,
- reduce la posibilidad de detectar errores u omisiones,
- transmite una falsa sensación de certeza,
- consolida conclusiones sin suficiente verificación independiente.
La repetición no reemplaza al análisis. Dos informes que dicen lo mismo no valen el doble si recorrieron exactamente el mismo camino.
El rol del juez frente a dictámenes coincidentes
La tarea judicial no consiste en sumar dictámenes, sino en valorarlos. Frente a informes coincidentes, la pregunta relevante no es “si dicen lo mismo”, sino:
- cómo se llegó a esa conclusión,
- qué metodología se utilizó,
- qué aspectos fueron analizados y cuáles quedaron fuera,
- qué verificaciones se realizaron de manera independiente.
La coincidencia no elimina la necesidad de control crítico; por el contrario, la vuelve indispensable.
Cuando la coincidencia deja de tranquilizar
Dos dictámenes técnicamente sólidos pueden coincidir porque ambos trabajaron con rigor, independencia y fundamentos propios. Pero cuando esa independencia no aparece claramente explicitada, la coincidencia deja de tranquilizar y comienza a generar dudas razonables.
No por sospecha personal, sino por una razón más simple y más grave: la debilidad técnica del sistema pericial cuando se confunde neutralidad con silencio crítico.
Una mirada desde la práctica profesional
Desde Arquitectos de Abogados (AdeA), en el cruce cotidiano entre técnica y derecho, observamos con frecuencia cómo el valor probatorio de una pericia no reside en su coincidencia con otra, sino en la calidad del razonamiento que la sostiene. La experiencia profesional muestra que la verdadera garantía para el proceso no es la repetición de conclusiones, sino la existencia de análisis autónomos, verificables y metodológicamente consistentes.
En materia pericial, la neutralidad no se presume ni se declama. Se demuestra.
Se demuestra con método, con análisis propio y con la capacidad de incomodar cuando el caso lo exige.
Cuando el perito de oficio coincide en un todo con el perito de parte, el expediente no siempre gana certeza. A veces, lo que pierde es neutralidad.
Existe, además, un fenómeno igualmente relevante y no menos problemático: qué ocurre cuando esa coincidencia inicial se rompe y los dictámenes comienzan a divergir hasta volverse abiertamente contradictorios. Ese escenario, que plantea otros desafíos técnicos y procesales, será abordado en un próximo trabajo.
Arqto. Teodoro Ruben Potaz
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